Lo poco que conocemos sobre él, es gracias a los testimonios de dos de sus hijas, María Ester Solórzano Guillén e Isabel del Carmen Solórzano Guillen, y de personas que le conocieron de cerca, tal es el caso de la señora Luz María Miranda originaria de Aguilares, quien desde 1986 emigro a Estados Unidos de América; y del señor José Adán Girón Acosta, originario del Cantón Tres Ceibas, Suchitoto, Cuscatlán y ahora residente en Aguilares. Manuel Solórzano es originario de Suchitoto, Departamento de Cuscatlán, contrajo sacramento del matrimonio con la señora Eluteria Antonia Guillen de Solórzano, con quien procrearon 10 hijos. Por motivos de trabajo, don Manuel, se desplazó a la ciudad de Aguilares.

La providencia lo llevo a alquilar una habitación en un mesón, justo enfrente de la Parroquia El Señor de las Misericordias en donde el Padre Rutilio Grande era párroco. Según quienes le conocieron manifiestan que era un hombre sin vicios, no fumaba ni bebía licor, no era mujeriego; por esta vida ejemplar gozaba de buena fama y estima entre las personas mayores del pueblo de Aguilares. En una palabra, como se dice en lenguaje salvadoreño, era un hombre cabal, que no se metía con nadie. Junto con sus virtudes morales y cristianas también sobresale su amor a los trabajos del campo, compra y venta de semilla; y compra y venta de ganado.

En 1977, a sus 72 años, Manuel Solórzano trabajaba con la familia Girón Acosta en la compra y venta de ganado en el tiangue de Aguilares, en su pueblo natal de Suchitoto y en todo el país. Con la llegada del P. Rutilio comenzó de la misión evangelizadora en la parroquia de Aguilares. Don Manuel, al ver este nuevo dinamismo cristiano junto con el testimonio apostólico de los sacerdotes se acercó a la iglesia. Gustaba de participar en las enseñanzas que el equipo de sacerdote Jesuitas impartía en el templo y en las casas particulares, así como en las misiones evangelizadoras casa por casa. Solía acompañar a los sacerdotes en las visitas a los cantones, según el testimonio de Don Adán Girón Acosta, quien afirma: “Algunas veces (a Manuel) no lo veíamos por varios días, incluso jueves y viernes, días de tiangue; y cuando me lo encontraba me decía que había andado predicando el evangelio con el P. Grande. Yo le decía, que tuviera cuidado, porque los tiempos eran peligrosos y se oía decir que el padrecito (Rutilio Grandes) estaba amenazado”.

En 12 de marzo de 1977, el Padre Rutilio Grande a las cinco de la tarde salió de la Parroquia El Señor de las Misericordias, de la ciudad de Aguilares, hacia la sede filial en el Paisnal. El sacristán de la Parroquia quería acompañarle a la Santa Misa que celebraría en el Paisnal en honor a San José, pero el P. Rutilio, por seguridad, y consiente de las amenazas de muerte contra su persona, no permitió que le acompañará ni el sacristán ni ninguna otra persona, por lo que se encaminó sólo hacia El Paisnal en su pequeño vehículo Safari.

Mientras iba de camino P. Rutilio encontró al joven Nelson Rutilio Lemus y a Don Manuel Solórzano, y les dijo a ambos que se subieran al vehículo, junto a 2 niños más que aprovecharon el transporte. Pocos instantes después y a pocos metros de donde los había recogido, la muerte martirial sorprendió al Padre Rutilio, a Manuel Solórzano y a Nelson Rutilio, salvándose los dos pequeños niños, de quienes a la fecha se desconoce su paradero. En la actualidad los restos mortales del Padre Rutilio Grande y sus compañeros descansan en paz en la pequeña Iglesia de la Parroquia San José de El Paisnal. Así “Dios quiso darle a mi papa (Don Manuel Solórzano) un puesto junto al P. Rutilio”, afirma Isabel del Carmen Solórzano.

En el lugar del martirio, (entre las líneas del tren y la colonia los mangos, en calle hacia el Paisnal) la fe del pueblo cristiano ha plantado tres cruces, que dan testimonio de que se trata de un lugar santo, donde tres hermanos confesaron su fe y derramaron su sangre por Cristo.